
este escrito fue realizado originalmente para "el salmon", gaceta independiente de un grupo de colectivos al sur de la ciudad de mexico
¿Y que hay de los que no tenemos un lugar?
Se dice que hace mucho hubo algo llamado hogar, cuadra, barrio; pero fue hace mucho, hace tanto que aun ahora seria difícil decir en que momento esto existió. Ahora es diferente ya no tenemos un terruño o algo parecido, un oasis en todo el caos moderno en donde podamos descansar y no lo tenemos por que nosotros mismos somos parte de ese mismo caos, de ese gran monstruo que Débora todo lo que toca y que se da a llamar ciudad.
Hoy existimos de a poco, nómadas irredentos en una tiranía de concreto y asfalto siempre en mutación y metamorfosis pero sin cambiar realmente, como una crisálida que lucha por salir, por volverse algo mas que una larva pero que no lo logra y solo cae a una bolsa de mayor tamaño pero igual de opresiva.
Nuestra comunidad ahora es diferente, ya no es física o lucha por no serlo; casas vacías la mayor parte del tiempo por abandono o apatía por que ya no estamos ahí y quien sabe si regresaremos, vivimos de lugares donde dormir apenas y comer si la ocasión no presenta un lugar mejor, vivimos en lugares neutros y nos comunicamos a través de espacios que están en todas partes pero no existen en ninguno. Ahora estamos en transito, siempre en movimiento en una mancha que aun cuando crece no va a ninguna parte, un barrio enorme y tan vació que perecería irreal, tan irreal.
La casa paterna sirve, en el mejor de los casos de posada para noches en que es mejor el reposo, pero la mas de las veces es obligación semanal para cumplir con el rito arcano de la “familia” si tal termino no es ya un recuerdo mas que una imposición, los vecinos de antaño ya son solo rostros y nombres sin un trasfondo, poco mas que esos avatares en cualquier comunidad virtual que no son mas que representaciones de seres que pueden ser pero que nadie sabe si son.
El barrio ahora cambia de faz, ahora es la universidad, el trabajo u otros que nada tienen que ver, el “Circo Volador” al oriente es proclamado por la raza obscura de la misma forma que el “Gheto” al norte por las razas que acostumbran “Vans”. El “Chopo”, El “Alicia”, el “Vive Cuervo Salón”, el “Dada X”, el “Faro de Oriente” y tantos nombres mas que se me escapan en este momento, nuevos barrios enclaustrados dentro de esta enorme ciudad, nuevas comunidades para los que buscan protección de la realidad, nuevas formas de comunión entre iguales hermanados por la búsqueda de un lugar donde encajar y no por el azar de los espacios nativos.
De Indios Verdes a Xochimilco, de Observatorio a La Paz, una ciudad que se recorre sobre vías de acero y que nos acerca a lo mas parecido que tenemos al hogar, andenes y transbordos en donde dejamos media vida o un poco mas; es el tiempo de la pausa, de las conversaciones superfluas o del libro a medio leer, horas in cuantificables que no notamos por que nos movemos, avanzamos hacia otro lugar, siempre nómadas, siempre gitanos que cargan la vida en las espaldas como caracoles homogenizados por una sociedad que de tantas individualidades ya no reconoce estándares o medidas para nada.
Nuestra comunidad es una mezcla de barrios y lugares, más allá de las torres de Satélite, mas allá del bosque de Tlalpan, de Santa Fe o de Avenida Chimalhuacan, territorios que algunos enarbolan con orgullo y que para nosotros no significan nada mas que direcciones en credenciales electorales que nos sirven como identificación y poco mas que eso por que hay veces que los ritos sociales y políticos nos quedan tan lejos como algún día lo fueron los religiosos, nómadas, solo nómadas.
El Valle de México es enorme y en el crecimos mezclándonos sin cesar, la historia de estas tierras tal vez se remonte a las estrellas pero la de su gente es mas reciente, empezó y tal vez a algunos les pese aceptarlo cuando un conquistador sediento de fama y fortuna entro confundido con un dios a la ciudad que en ese entonces se levantaba orgullosa, a sangre y fuego comenzó nuestra historia, mestizos, mitad dioses falsos y mitad humanos divinos, mitad conquistadores de paraísos y mitad conquistados por extranjeros, mezclas de ideas y pasiones que nos llevaron a este tiempo confundidos y sin hogar, siempre sin hogar.
Hoy dominamos otras ciencias, redes virtuales que nos ramifican pero que no pueden darnos raíces, tanta fue nuestra pelea por individualidad que nos quedamos solos y errabundos, pero no éramos los únicos en tal disyuntiva, otros semejantes encendieron faros y hacia ellos pusimos el rumbo de nuestras velas. Hoy somos hermanos aunque la sangre o el nombre no se compartan, hoy hay otro tipo de familia y a ella somos leales pues llegamos ahí bajo propio pie y no por obligación genética, hoy reconocemos nuevos barrios donde la interacción se da a partir de iguales.
Es la realidad de muchos, de miles que no tienen a donde volver; muchos que avanzan simplemente por que atrás ya no hay nada que pueda retenerlos o llamarlos. Si a esto no lo llamas tu avanzar entonces llámalo como quieras pero no niegues que nuestra comunidad es incluso más fuerte que muchas de las que tu reconoces o identificas, lo somos y no por ello valemos mas pero tampoco menos.
Se dice que hace mucho hubo algo llamado hogar, cuadra, barrio; pero fue hace mucho, hace tanto que aun ahora seria difícil decir en que momento esto existió. Ahora es diferente ya no tenemos un terruño o algo parecido, un oasis en todo el caos moderno en donde podamos descansar y no lo tenemos por que nosotros mismos somos parte de ese mismo caos, de ese gran monstruo que Débora todo lo que toca y que se da a llamar ciudad.
Hoy existimos de a poco, nómadas irredentos en una tiranía de concreto y asfalto siempre en mutación y metamorfosis pero sin cambiar realmente, como una crisálida que lucha por salir, por volverse algo mas que una larva pero que no lo logra y solo cae a una bolsa de mayor tamaño pero igual de opresiva.
Nuestra comunidad ahora es diferente, ya no es física o lucha por no serlo; casas vacías la mayor parte del tiempo por abandono o apatía por que ya no estamos ahí y quien sabe si regresaremos, vivimos de lugares donde dormir apenas y comer si la ocasión no presenta un lugar mejor, vivimos en lugares neutros y nos comunicamos a través de espacios que están en todas partes pero no existen en ninguno. Ahora estamos en transito, siempre en movimiento en una mancha que aun cuando crece no va a ninguna parte, un barrio enorme y tan vació que perecería irreal, tan irreal.
La casa paterna sirve, en el mejor de los casos de posada para noches en que es mejor el reposo, pero la mas de las veces es obligación semanal para cumplir con el rito arcano de la “familia” si tal termino no es ya un recuerdo mas que una imposición, los vecinos de antaño ya son solo rostros y nombres sin un trasfondo, poco mas que esos avatares en cualquier comunidad virtual que no son mas que representaciones de seres que pueden ser pero que nadie sabe si son.
El barrio ahora cambia de faz, ahora es la universidad, el trabajo u otros que nada tienen que ver, el “Circo Volador” al oriente es proclamado por la raza obscura de la misma forma que el “Gheto” al norte por las razas que acostumbran “Vans”. El “Chopo”, El “Alicia”, el “Vive Cuervo Salón”, el “Dada X”, el “Faro de Oriente” y tantos nombres mas que se me escapan en este momento, nuevos barrios enclaustrados dentro de esta enorme ciudad, nuevas comunidades para los que buscan protección de la realidad, nuevas formas de comunión entre iguales hermanados por la búsqueda de un lugar donde encajar y no por el azar de los espacios nativos.
De Indios Verdes a Xochimilco, de Observatorio a La Paz, una ciudad que se recorre sobre vías de acero y que nos acerca a lo mas parecido que tenemos al hogar, andenes y transbordos en donde dejamos media vida o un poco mas; es el tiempo de la pausa, de las conversaciones superfluas o del libro a medio leer, horas in cuantificables que no notamos por que nos movemos, avanzamos hacia otro lugar, siempre nómadas, siempre gitanos que cargan la vida en las espaldas como caracoles homogenizados por una sociedad que de tantas individualidades ya no reconoce estándares o medidas para nada.
Nuestra comunidad es una mezcla de barrios y lugares, más allá de las torres de Satélite, mas allá del bosque de Tlalpan, de Santa Fe o de Avenida Chimalhuacan, territorios que algunos enarbolan con orgullo y que para nosotros no significan nada mas que direcciones en credenciales electorales que nos sirven como identificación y poco mas que eso por que hay veces que los ritos sociales y políticos nos quedan tan lejos como algún día lo fueron los religiosos, nómadas, solo nómadas.
El Valle de México es enorme y en el crecimos mezclándonos sin cesar, la historia de estas tierras tal vez se remonte a las estrellas pero la de su gente es mas reciente, empezó y tal vez a algunos les pese aceptarlo cuando un conquistador sediento de fama y fortuna entro confundido con un dios a la ciudad que en ese entonces se levantaba orgullosa, a sangre y fuego comenzó nuestra historia, mestizos, mitad dioses falsos y mitad humanos divinos, mitad conquistadores de paraísos y mitad conquistados por extranjeros, mezclas de ideas y pasiones que nos llevaron a este tiempo confundidos y sin hogar, siempre sin hogar.
Hoy dominamos otras ciencias, redes virtuales que nos ramifican pero que no pueden darnos raíces, tanta fue nuestra pelea por individualidad que nos quedamos solos y errabundos, pero no éramos los únicos en tal disyuntiva, otros semejantes encendieron faros y hacia ellos pusimos el rumbo de nuestras velas. Hoy somos hermanos aunque la sangre o el nombre no se compartan, hoy hay otro tipo de familia y a ella somos leales pues llegamos ahí bajo propio pie y no por obligación genética, hoy reconocemos nuevos barrios donde la interacción se da a partir de iguales.
Es la realidad de muchos, de miles que no tienen a donde volver; muchos que avanzan simplemente por que atrás ya no hay nada que pueda retenerlos o llamarlos. Si a esto no lo llamas tu avanzar entonces llámalo como quieras pero no niegues que nuestra comunidad es incluso más fuerte que muchas de las que tu reconoces o identificas, lo somos y no por ello valemos mas pero tampoco menos.


1 comentarios:
en las grietas de su asfalto... mi verde pasto... siempre verde pasto
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