9.10.2011

hubó


No hubo llamados de advertencia, o tal vez si y no los quise ver. No hubo carteles en la puerta, o tal vez si y los ignore. No hubo nada o tal vez hubo todo. Y un día llego la partida con su perfume de licor de almendras… y un día llego el vacio y tomo posesión de lo que antes era “algo”, como si “algo” pudiera definirlo.

No hubo “cómos” y solo un par de “porqués” que no explican nada y con eso se bajo el telon… y con eso hay que vivir, porque respirar es inconsciente y sobrevivir es fácil siempre que puedas respirar. Como bomba de fuego amigo, como un golpe seco en mitad de la noche, solo fue eso, un adiós por qué no se iba a ningún lado, porque no éramos lo que el otro pensó, porque mis letras no soy yo y lo que soy no es suficiente para nada más que para fantasma, para nada más.

Vino sin esperarse, vino después de desearlo por años, que en el tiempo de los que sueñan, se multiplica hasta el infinito. Vino y se fue, pues es destino de todo otoño, darle paso al invierno y a las noches frías que anteceden a días grises. Vino, estuvo aquí, el calor aún perdura, el aroma aun se respira. Vino, estuvo aquí, aun escucho el rumor de su voz, aun quedan rastros de lo que fue en ese preciso instante en que “era” junto a mí. Vino, estuvo aquí, en estos brazos, al lado de esta piel, al otro extremo de estos labios, al otro lado de este sueño que se resiste en dejar de ser.

Recuerdos de una noche de primavera, ilusión de una noche de verano, sueño de una noche de otoño, cruel realidad de una noche invernal. Y el tiempo no se detiene…y el tiempo no camina hacia atrás… y el tiempo no perdona… y el tiempo solo sabe avanzar.

Cargo con la culpa de no haber peleado y de querer pelear cuando ya era tarde y ya no había esperanza de ganar. Ahora de eso vivo cada noche, de inventarme esperanzas para afrontar un amanecer frio con la simple arma de un quizá. Sobrevivir es fácil, de eso no hay duda. Alguna vez anhele sentir, alguna vez desee llorar para saber si aun podría sentirlo; para ver si algo podía llenar el hastió de mi existencia. Que absurdo suena ese rezo ahora que cada una de mis células gime y se retuerce dentro de esta piel que se marchita a cada rayo que el Tirano me escupe para recordarme el odio que me profesa y la fragilidad del cobijo de mi madre, que es el único cómplice en mis imaginarios nocturnos.

Ya no está donde estuvo, ya no respira entre mi selva de concreto; pues era veneno a su ser, pues ansiaba bosques verdes sobre tierra negra y viva. Yo solo sé de asfalto roto y cristal impersonal ¿Qué se yo de musgo y arroyos si todo lo que veo es polución muerta? Ya no está donde estuvo, ya no es donde era, ya no será donde pudo ser… ya no dentro de estos dominios, ya no compañía en caminos cósmicos o mundanos, ya no… por lo eones de los eones. Ya no porque los ruegos llegaron tarde, por que cuando las invocaciones fueron pronunciadas un muro detenía su fin. Un muro que era fácil de derribar y no lo vi así y hoy es muralla infranqueable a simples palabras, a inútiles pedazos de viento y tinta negra que no llegan a tener forma ni sustento, pues no hay corazón ingenuo que crea en promesas huecas de juglares sin voz ni talento mas allá que el de elaborar mascaras de aspecto indeseable.

Ya no está aquí donde esta esto que soy yo, donde está y tendrá que seguir viviendo…pues vivir es fácil. Aquí esta uno que ya no teme a la locura, pues tal vez sea el descanso al dolor que quedo después de su paso. Y a lo lejos el espantapájaros ensancha su sonrisa al ritmo de un: “Te lo dije”